Saturday, August 27, 2005

y los sueños...

El viaje había sido largo y agotador. Era su enésima siesta y ésta vez se había levantado sobresaltado. Seguramente el viento sobre su cara había turbado su sueño. Miró por la ventana y vio como ante sus ojos transcurrían todos los paisajes: montañas, islas mares o desiertos desfilaban ante él a cada balanceo del tren.

El tren, no se había parado a pensar en él, tan irritablemente solo y tampoco la ventana podía aliviar su sueño.

El tren se había parado, se puso en pie y caminó hacia la salida, bajó y por primera vez se fijó en su exterior: era viejo, de madera al igual que la estación y tan abandonado como ésta, ni siquiera un jefe de estación o alguien que viniera a recibir a otro viajero ocasional que tuviera este destino. La vía no continuaba.

Lentamente entró en la estación, no había equipaje y tampoco recordaba haberlo cogido. Buscó alguien con quien hablar, estaba perdido, pero todo parecía estar desierto, sin embargo, en un rincón, envuelto por las sombras una voz le dijo:

- Hola joven.
- ¿Eres tú el único habitante de este pueblo?
- ¿Qué pueblo? Contestó el individuo.
- ¿Acaso esto no es un pueblo?
- Si así lo quieres recibirá el nombre que tu desees darle, y probablemente si sales a sus calles encuentres aquello que has venido a buscar.

No lo había pensado, ¿qué hacía allí?, no tenía sentido viajar al fin del mundo
para encontrar algo que ni siquiera había venido a buscar. No obstante salió Observó las calles, apenas media docena de personas paseaban. Caminaban solitarias con sus ropas harapientas, la cabeza erguida y la mirada perdida en el infinito.

Turbado intentó encontrar un sentido a ese viaje entre las vagas visiones de un pasado incierto, parecía como si la vida se limitase al viaje en tren, a la estación, a esas calles, a esa obsesión por encontrarse a sí mismo.

Trató de entablar conversación con los viandantes, pero no obtuvo contestación, ni siquiera la mas mínima atención de sus miradas. Vivían sonámbulos, el mundo les era totalmente ajena. Eran sombras imbuidas en sí mismas, sombras sin luces que los despierten. Seguramente dormían mientras caminaban, como si el único alimento que necesitases mente se lo diesen sus sueños y el único ejercicio que requiriese su cuerpo fuera el interminable paseo de infinitos pasos que no les conducía a ningún sitio.

Encaminó sus pasos hacia una enorme calle, entonces lo vio, un edificio tan alto como nunca hubiese imaginado ver, se quedó paralizado, ¿cómo no había podido verlo antes? Su visto no alcanzaba a ver su fin, era impresionante, majestuoso, divino… Divino, todo cobró sentido en ese momento, había muerto y hasta ese instante no lo supo.

Miró al frontal del edificio y sus emociones se confundieron con sus deseos, sus acciones con sus dudas, y en aquel lugar, parado, momentáneamente perdió la conciencia de si mismo, vio ante si a la mujer más bella del mundo y al monstruo mas horrible y nada de ello mitigó su desencanto, ¿por qué él?, ¿por qué ahora? ¿por qué aquí? ¿ Acaso su muerte estaría presidida por esta eterna pesadilla?

Recordó la voz, recordó las sombras y volvió. Regresó para pedirle explicaciones, para saber por qué había llegado allí si él no lo había decidido y todas esas cuestiones que antes no había podido responder por si mismo.

Llegó a la estación, miró las sombras y esperó. Aguardó mas de lo que pudiera esperar ningún hombre, tanto cómo se puede esperar en un mundo en el que no se ve ponerse el sol, en el que las necesidades no requieren ser saciadas y finalmente gritó:
- ¿¡Dónde estás maldito!?

Casi inmediatamente surgió la voz y vio aparecer un hombre que mostró su cuerpo a la luz de los pies a la cintura, que le preguntó:

- ¿Por fín encontraste aquello que buscabas?
- No vine a buscar nada, sin embargo he encontrado la muerte, respondió el joven.
- Veo que aun no lo has entendido, tú no estás muerto.
- ¿Cómo lo sabes?, ¿Quién eres?
- Soy aquel que te ha creado.
- ¿Acaso eres Dios?
- No, existe otra forma de existencia, quizá más volátil, menos intensa, pero no por ello menos real.
- ¿Por qué no recuerdo nada?
- Porque yo así lo quise.
- ¿Quién eres pues?

Dio dos pasos y abandonó las sombras, no recordaba su pasado, pero síreconocía su propia imagen, y ante él estaba él mismo.

Saltó de la cama, había tenido una horrible pesadilla, estaba sudando, y la cama parecía más una piscina que un mullido colchón. Reflexionó, quizá de alguna manera también nosotros seamos creadores, fue mas allá, quizá nosotros somos elementos de un sueño…

…o quizá no somos nada

El insomnio terminó y entre sus cavilaciones intentó volver a dormir. Giró la cabeza hacia la esquina en que se encontraba su reloj y vio una imagen que señalaba dos hombres iguales, uno sonreía, otro horrorizado tenía las manos sobre la cabeza, ambos eran él mismo, sin embargo, no le dio importancia y durmió.

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